martes, 7 de diciembre de 2010

Aprendía a sumar y preguntó:
¿qué ocurrirá cuando no tenga
dedos con que contar?

Respondió el profesor: entonces,
contarás con los dedos de la cabeza.
Se llama cálculo mental.

Confuso, no conforme
con aquel trabalengüas,
preguntó de nuevo:
¿y si se me acaban
los dedos de la cabeza?

Las palabras se castigaron
en las esquinas que quedaban libres,
y campó a sus anchas el silencio.

2 comentarios:

Blogger leamsi ha dicho...

las preguntas inocentes/imposibles de los críos las retratas increiblemente en esta poesía sencilla sin docebles sin artificios, sin dobles fondos de maletas de contrabandista.
Me ha gustado!
salu2

8 de diciembre de 2010, 11:16  
Blogger APLEITE ha dicho...

jajaja

3 de enero de 2011, 8:34  

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