domingo, 23 de noviembre de 2008

La bestia

Me acerqué por casualidad. Estaba enfadada con una amiga y decidí que ir de compras sería una buena medicina. Nunca me gustaron los bichos, pero me acerqué. Miré el escaparate y algo me impulsó a entrar.

Comencé a observarlos. No, nunca había pensado tener uno, siempre me pareció cosa de sensibles y nunca quise pertenecer a esa división que consideraba de petimetres y chiquilicuatres. Me atrapó. Lo ví y me cautivó. No pude evitar sonreirle. De pronto tenía ante mí la medicina contra todos mis problemas. Pagué y me lo llevé a casa.

No recuerdo hace cuánto fue, debe tener unos tres o cuatro años, pero lo que era un bicho, ahora es una bestia. Lo saco a pasear siempre que puedo, le compro todas las chucherías que quiere y le llevo en autobús o en tren al menos una vez a la semana, que es una de las cosas que más le gusta. Le apasiona mirar a la gente, así que a veces lo dejo a su aire mientras observa aquí y allá. Parece que nada le resulta suficiente... me está matando esta bestia.

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