sábado, 16 de mayo de 2009

Tus tripas...mis tripas...las tripas del mundo

Algunas mañanas me encuentro tus tripas en mi buzón, esparcidas con cierto cuidado, con algo de reparo y delicadeza, para que no haya demasiado desorden que pueda confundirme. Siendo apenas médico residente, me dispongo, como una cirujana experta, a desentrañar el embrollo y lograr que puedas aguantar con ellas dentro un poquito más, que puedas hacer la digestión de lo que tienes que comer por obligación de una dieta impuesta. Busco en mi mesa el instrumental adecuado para la ocasión y procuro tocar todo con sumo cuidado, sin presionar demasiado para que no salga mucha sangre. A menudo, más veces de la cuenta, pides perdón por el descuido de manchar mi buzón y agradeces con tus gestos y palabras mi presencia en la mesa de operaciones. Creo que sigues sin darte cuenta que cuando logro recomponer algo, aunque sea algo pequeño, casi ínfimo, soy yo quien siente gratitud por todo, sin saber muy bien precisar que es ese todo, que yo llamo amistad.

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