miércoles, 17 de junio de 2009

26??!!

Ventiseis tacos avalan mi existencia, o eso dicen mi DNI, cuando no está perdido, y mi partida de nacimiento, que debe andar por algún cajón secreto de mi casa, en los que todo cabe, pero nada se encuentra. A ratos tengo cinco años y a ratos los echo de menos. A veces vuelvo a los quince, o lo intento. Las más de las veces, me pesan los noventa años con los que nací y algún día quizá moriré, porque tengo el pelo rizado como mi abuela y eso nos asegura, a los de mi estirpe, una vida casi eterna (ya ves, casi nada). No tengo más achaques que ayer, ni más dolencias que las propias de una vida (de) cualquiera, de cualquier vida. Si me miro al espejo, tengo las mismas arrugas que anoche y las mismas ojeras que esta mañana. Siguen aquí los mismos amigos que la última vez que pasé lista y alguno nuevo que está por arrepentirse, las mismas manías que decidí no contarle a ningún psicoanalista y compartir sólo con mi almohada, que ya no se asusta de mis ordinarias extravagancias. Mis vicios siguen intactos, esperando que los saque de paseo porque se están oxidando, y es que no fumo ni aire, mi hígado no tolera la fanta de naranja y desde que le conozco, desde siempre, ya sólo hacemos el amor y casi nunca follamos. Mis gustos siguen siendo míos y paso de compartirlos con nadie, que a estas alturas, a estos veintiseis pisos tan altos, te haces egoísta de cojones, o eso dicen. Doy fe, aunque a veces me abandone, que las tonterías seguirán conmigo sino se cansan de acompañarme. Y, sin embargo, a pesar de toda esta lista de mis cosas inmutables, hoy es diferente y es gracias a tí.

{Gracias ;) }

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